Cuentos de hadas Rusos

Cuentos de hadas Rusos

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Cuando ya no quedaba ni un pedazo de carne, el Zarevitz empujó la banasta y el tonel y los arrojó al espacio; pero el pájaro Mogol seguía volando y volvía la cabeza pidiendo más comida. ¿Qué hacer en semejante situación? El Zarevitz Iván se quitó el calzado de piel de becerro y poniéndolo en la punta de la barra de hierro lo presentó al voraz animal que se lo tragó. Poco después descendía con su preciosa carga para descansar de su largo vuelo en un verde prado sembrado de azules flores. Apenas el Zarevitz Iván hubo saltado al suelo, el pájaro Mogol devolvió las botas de piel de becerro, calzó a su dueño, las humedeció con su saliva, y el Zarevitz se alejó caminando aligerado y reconfortado.

Llegó a la corte del Zar Afron, su padre, y vio que algo extraordinario ocurría en la ciudad. Por las calles todo era grupos de gente que iban de un lado a otro y los sabios consejeros del Zar, vagaban como desconcertados haciendo preguntas a cuantos hallaban al paso y moviendo sus canosas cabezas como si hubieran perdido el juicio. El Zarevitz preguntó al primer ciudadano que encontró:

- ¿A qué se debe esta agitación que se nota en la ciudad?

Y el buen ciudadano le contestó:


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