Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos La vieja preparó provisiones para el viaje del Zarevitz Iván. Colocó sobre el pájaro un tonel de agua y sobre el tonel una banasta llena de carne. Luego entregó al joven una barra de hierro puntiagudo y le dijo:
- Mientras vueles a caballo del pájaro Mogol, siempre que éste vuelva la cabeza y te mire, metes este hierro en la banasta y le das un trozo de carne.
El Zarevitz dio las gracias a la vieja y se acomodó sobre el lomo del enorme pájaro, que inmediatamente desplegó las alas y emprendió el vuelo. Vuela que volarás, vuela que volarás, se pasaba el tiempo y venía la gana, y siempre que el animal se volvía a mirar al Zarevitz, éste hundía la barra de hierro en la carne, sacaba un tasajo y se lo alargaba. Al fin, el Zarevitz Iván vio que la banasta estaba casi vacía y dijo al pájaro Mogol:
- Mira, pájaro Mogol, ya te queda muy poco alimento; desciende a tierra y te llenaré la banasta de carne fresca.
Pero el pájaro Mogol contestó diciendo:
- ¿Estás loco, Zarevitz Iván? A nuestros pies se extiende un bosque negro y espantoso que está cuajado de ciénagas y lodazales. Si descendiésemos en él ni tú ni yo saldríamos en toda nuestra vida.