Cuentos de hadas Rusos

Cuentos de hadas Rusos

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El hombre se quedó atónito y soltó a la grulla, pero al volver a casa con las manos vacías, lo abroncó su mujer de tal manera, que el infeliz hubo de pasar la noche en el patio, bajo la escalera. Al día siguiente, muy temprano, se marchó al campo y estaba preparando sus armadijos, cuando vio a la grulla del día antes que se le acercaba con una alforja en el pico.

- Ayer -dijo la grulla- me diste la libertad y hoy te traigo un regalito. Ya me lo puedes agradecer. ¡Mira!.

Dejó la alforja en el suelo y gritó:

- ¡Los dos fuera de la alforja!

Y he aquí que, sin saber cómo, saltaron de la alforja dos jóvenes, que en un momento prepararon una mesa llena de los manjares más exquisitos que puedan imaginarse. El hombre se hartó de comer las cosas más sabrosas que en su vida había probado, y sólo se levantó de la mesa cuando la grulla gritó:

- ¡Los dos a la alforja!

Y jóvenes, mesa y manjares desaparecieron como por encanto.

- Toma esta alforja -dijo la grulla,- y llévasela a tu mujer.

El hombre dio las gracias y se encaminó a su casa, pero de pronto le entró el deseo de lucir su adquisición ante su madrina y fue a verla. Preguntó por su salud y la de sus tres hijos y dijo:

- Dame algo de comer y Dios te lo pagará.


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