Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos Al ahijado no le desagradaba un baño y aceptó de mil amores. Colgó la alforja de un clavo y se fue a bañar. Pero la madrina dio prisa a sus hijas para que cosieran una alforja idéntica a la de su ahijado y cuando la tuvieron lista la cambió por la que estaba colgada. El buen hombre nada notó de aquel cambio y con la alforja recién cosida se dirigió a su casa, contento como unas pascuas. Cantaba y silbaba y antes de llegar a la puerta llamó a gritos a su mujer, diciendo:
- ¡Mujer, mujer, felicÃtame por el regalo que me ha hecho la grulla!
La mujer lo miró, pensando: "Tú has estado bebiendo en alguna parte y buena la has pillado. ¡Yo te enseñaré a no emborracharte!"
El hombre entró y sin perder tiempo, dejó la alforja en el suelo y gritó:
- ¡Los dos fuera de la alforja!
Pero de la alforja no salió nada, y volvió a gritar:
- ¡Los dos fuera de la alforja!
Y... ¡nada!. La mujer, al ver aquello, se puso como una fiera y se arrojó sobre su marido, cogiendo de paso un estropajo, y mal lo hubiera pasado el hombre sin la precaución de escaparse de casa.
El desgraciado se encaminó al mismo lugar del campo, porque pensaba: "Tal vez encuentre a la grulla y me dé otra alforja". Y en efecto, la grulla ya lo esperaba en el mismo lugar del campo con otra alforja.