Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos La Zarevna mandó que lo desatasen y lo pusieran en libertad, y le dio autorización para hacer lo que quisiera mientras fuese en ayuda del Zarevitz. Lo primero que hizo Iván fue elegir sus compañeros: todos habían de ser jóvenes y todos tan parecidos entre sí que se les pudiera tomar por hermanos gemelos. A todos les dio un vestido idéntico, hizo que se arreglasen la barba y se peinasen de la misma manera; les dio a cada uno un caballo del mismo color y que no se diferenciaban entre sí ni en un pelo, montaron y emprendieron la marcha. Doce eran los compañeros de Iván, el hijo del comerciante. Cabalgaron un día y otro día y otro, hasta que llegaron a un bosque e Iván les dijo:
- ¡Alto, hermanos! Estamos cerca de un precipicio, y al borde, del abismo hay un árbol hueco sin ramas. He de ir a buscar mi fortuna al hueco de ese tronco.
Se adelantó, pues, en busca del árbol, metió la mano en el hueco del tronco y sacó un gorro que tenía la virtud de hacer invisible al que lo llevaba. Lo guardó en su seno y, volvió al lado de sus compañeros.
Y llegaron por fin al reino de la tres veces sabia Elena, se dirigieron a la ciudad y allí encontraron al Zarevitz a quien rogaron:
- Tómanos a tu servicio, Zarevitz, y te serviremos como un solo hombre