Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos El Zarevitz se bañó, se atavió y fue a ver a su dama. Encontró sus habitaciones llenas de boyardos y magnates, y todos sus consejeros que estaban ya reunidos sin que faltase ni uno. Sonó la música, se abrieron las puertas de las habitaciones interiores y apareció la tres veces sabia Elena, avanzando como un cisne blanco, repartiendo saludos a todos lados y dedicando la más profunda inclinación al Zarevitz. Luego sacó de su bolso el zapatito recamado de perlas y piedras preciosas y miró al Zarevitz con una sonrisa burlona, y todos los boyardos, los magnates y los consejeros del palacio fijaron su vista en el mismo Zarevitz. Y éste dijo a la tres veces sabia Elena:
- Tu zapatito es muy bonito, pero de nada te sirve si no tienes su parigual. Pues bien, aquí tienes, el otro que es exacto.
Y sacando del bolsillo el zapato lo puso al lado del otro. Todo el palacio prorrumpió en una exclamación admirativa, y los boyardos, magnates y consejeros gritaron a una voz:
- ¡Tú eres digno, Zarevitz, de casarte con la tres veces sabia Elena!