Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos - No tan pronto, por favor -dijo la Zarevna;- veamos si sale bien de la segunda prueba. Te esperaré mañana aquí mismo, Zarevitz, y hazte cargo de lo que voy a mandarte: Yo tendré algo inexplicable envuelto en plumas y piedras; trae también algo semejante desconocido, envuelto en plumas y piedras.
El Zarevitz salió del palacio más triste que la vez primera, pensando: "Poco tiempo le queda a mi cabeza de estar sobre mis hombros". Y de nuevo lo encontró Iván, el hijo del comerciante, y lo consoló con una sonrisa amistosa y diciendo:
- ¡Vamos, Zarevitz! ¿Por qué estar triste? Reza y échate a dormir, que la almohada es buena consejera.
Y apenas el Zarevitz se fue a dormir, Iván se puso el gorro invisible y llegó al palacio en el momento en que la Zarevna daba esta orden a su criada:
- Ve al gallinero y tráeme un pato.
La criada fue corriendo al gallinero y cogió un pato, pero Iván que le iba detrás, cogió un ánade y se lo guardó en el seno, volviéndose los dos por el mismo camino. Las tres veces sabia Elena se sentó de nuevo a la mesa, cogió el pato, adornó sus alas con cintas y su cola con amatistas, y le puso un collarín de perlas. Iván lo vio todo e hizo lo mismo con su ánade.