Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos - Busco al caballo prodigioso que no es blanco como la lana, sino brillante como la plata, y no lo hallo en ninguna porte; por eso me aconsejaron que hiciese de barquero y esperase los acontecimientos.
- Has hecho perfectamente, buen mozo, en cumplir fielmente tu promesa. Te daremos algo que puede serte útil en tu viaje. Aquí tienes un anillo que no tiene ningún valor. No tienes que hacer otra cosa que cambiarlo de dedo y se cumplirán todos tus deseos.
Apenas los tres ancianos prosiguieron el viaje, Zorka cambió el anillo de mano y dijo:
- ¡Quiero estar inmediatamente en los parajes donde el Gnomo pequeño como el pulgar apacienta a su caballo!
Inmediatamente lo arrebató la tempestad, y en un abrir y cerrar de ojos, se encontró en una profunda quebrada, entre peñascos gigantescos, y al extremo de la quebrada pudo divisar al Gnomo pequeño como el dedo pulgar y con bigotes de siete verstas de largo, y a su lado estaba paciendo el caballo prodigioso, no blanco como la lana, era brillante como la plata, en su frente resplandecía una luna y de su crin colgaban muchas estrellas.
- Bien venido, joven -chilló el monstruo dirigiéndose a Zorka.- ¿Qué te trae por aquí?
- Vengo a quitarte el caballo.