Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos Llegaron a un paraje solitario y se detuvieron ante una piedra muy grande y pesada, que cinco campesinos no hubieran podido mover ni uniendo sus fuerzas; pero nuestro amigo Gore la levantó sin el menor esfuerzo. Y, ¡Oh, maravilla! bajo la piedra apareció un arca negra y maciza en cuyo fondo resplandecían numerosos objetos. Y el campesino dijo a Gore:
- Anda, baja el arca y saca el oro mientras yo sostengo la piedra.
Gore bajó al fondo con gran alegría y gritó:
- ¡Amo! ¡Aquí hay riquezas incalculables! ¡Veinte jarras llenas de monedas de oro, puestas en fila! ¡Ahí va una! - y alargó al campesino la primera jarra.
El campesino cogió la jarra con una mano y al mismo tiempo dejó caer la piedra sepultando al Doliente dolorido en el arco, con todo el oro restante.
- ¡Ahí te pudras con todas tus riquezas! -pensó el campesino,- ¡Nada bueno puedo esperar de ti!
Se volvió a casa andando y con el dinero de la jarra compró madera, reparó su vivienda, adquirió nuevas tierras, trabajó con más afán que nunca, se dedicó al comercio y todo le iba bien. En un año acrecentó su riqueza y en vez de la cabaña se construyó una hermosa casa de madera. Entonces fue a la ciudad e invitó a su hermano y a su cuñada a la inauguración de su nueva vivienda.