Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos Y dicho y hecho. El rico se despidió de su hermano, pero en vez de volver a casa se dirigió a la famosa piedra. Apelando a todas sus fuerzas, logró removerla hasta dejar espacio para poder mirar el arco. Pero antes que él pudiera sacar la cabeza, el Doliente se escabulló del agujero y en un instante se le subió a la espalda y se le agarró el cuello.
El rico sintió el peso en la espalda, volvió la cabeza y vio al monstruo colgado de él y murmurándole al oído:
- ¡Lindo compañero estás hecho! ¡Conque querías matarme de hambre! Pues te juro que no te desprenderás de mí tan fácilmente. ¡Nunca te dejaré!
- No seas insensato, Doliente -chilló el rico.- No soy yo quien te dejó encerrado bajo la piedra, y no hay razón para que te prendas a mí, que soy el rico; ve a atormentar a mi hermano, que te ha encerrado.
Pero el otro no quiso escucharlo.
- ¡Mientes! -gruñó.- Una vez me engañaste y no volverás a hacerlo.
Y el rico no tuvo más remedio que llevar a cuestas a Doliente el dolorido hasta su casa y por todos los días de su vida. Sus riquezas se extinguieron y su opulencia se convirtió en humo y cenizas. El pobre hermano vive en paz y en la abundancia y canta cantinelas divertidas de Doliente, el que era más listo que todos.