Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos - ¡Oye, amigo mÃo! ¡Me das lástima! Cada dÃa te metes en el bosque, atraviesas charcas y cenagales y vuelves a casa todo mojado, y no por eso vivimos mejor. ¿Qué negocio es ése? En cambio, yo tengo un plan para que los dos salgamos ganando. Tráeme cien o doscientos rublos y lo demás corre de mi cuenta.
Fedot fue a ver a sus compañeros y les pidió prestado a cada uno un rublo hasta que recogió cerca de doscientos rublos, que se apresuró a entregar a su mujer.
- Ahora -le dijo ésta- cómprame con estos rublos seda de varios colores.
El arquero fue y compró con aquellos rublos seda de varios colores. Su mujer cogió el género y dijo a su marido:
- ¡No te preocupes! ¡Reza y échate a dormir que la mañana es más buena consejera que la noche!
Con esto, el marido se durmió mientras que su mujer fue a la galerÃa, abrió el libro de los encantos y al momento se le aparecieron dos jóvenes que le dijeron:
- ¿Qué tienes a bien mandarnos?
- Tomad esta seda y en una hora traedme una alfombra que sea lo más admirable que pueda hallarse en todo el mundo, y bordadme en ella todas las ciudades y las aldeas y rÃos y lagos de este reino.