Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos El abuelo pensó: "Por qué no llevármela?" Y dijo a la bellota:
- ¡Síguenos rodando!
Pero aquello fue un rodar extraordinario, porque la bellota se puso de pie y marchó dando brincos delante de todos.
Llegaron a un espeso bosque tan tenebroso que daba horror, y en el bosque había una cabaña solitaria, ¡y tan solitaria! La estufa estaba apagada y había un potaje de trigo cocido con leche para seis. La bellota que sabía de qué se trataba, dio un salto y se metió en el potaje. La cuerda se puso tirante en el umbral. El abuelo colocó el molinito en el banco. El pato se situó sobre la estufa, y el abuelo fue a colocarse en un rincón.
De pronto se oyó un retumbar que venía del bosque, y Verlioka apareció caminando sobre un pie calzado de madera y apoyándose en la muleta; entró en la cabaña, dejó en el suelo una carga de leña que traía y se puso a encender la estufa. Pero la bellota que estaba en el potaje se puso a silbar una canción:
¡Pi, pii, piii!
¡Para moler a Verlioka estamos aquí!