Cuentos de hadas Rusos

Cuentos de hadas Rusos

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Verlioka se enfureció y cogió la olla por el asa, pero el asa se rompió y todo el potaje se esparció por el suelo. La bellota dio un brinco y vació a Verlioka el único ojo. Verlioka lanzó un rugido, agitó el aire con los brazos y de buena gana hubiera salido de allí corriendo. Pero por vueltas que daba, no podía encontrar la puerta. Entonces la cuerdecita se le enredó entre las piernas y lo hizo caer de espaldas contra el umbral, derribando sobre él el molino que cayó con fuerza del banco. Entonces el abuelo salió del rincón y con su bastón de hierro empezó a darle golpes con toda su alma, mientras el pato gritaba desde la estufa con toda la fuerza de sus pulmones: "¡cuac, cuac, cuac! ¡Mátalo, mátalo!" Ni valor ni fuerza fueron de ninguna utilidad para Verlioka. El abuelo le dio golpes hasta dejarlo muerto y luego derribó la cabaña y abrió el calabozo y del calabozo sacó a sus nietos. Luego recogió todo el tesoro de Verlioka y se lo llevó a su mujer. Y vivió feliz con ella y sus nietos, cultivando los guisantes y cerniéndolos en paz y tranquilidad. Y yo que lo conté y vosotros que lo escuchasteis también merecemos probarlos.





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