El cantar de los Nibelungos
El cantar de los Nibelungos »Yo soy también un guerrero y en su dÃa me ceñiré corona: quiero dar lugar a que se diga de mà que con justicia poseo hombres y tierras. Por merecerlo expondré mi honor y mi vida.
»Por más que seáis tan poderoso como me han dicho casi no siento ninguna inquietud, y cause a algunos pesar o alegrÃa, quiero arrebataros lo que poseéis, campos y ciudades, y someterlos a mi dominio.
El rey se extrañó y también sus hombres al escuchar que querÃa arrebatarle su reino; al oÃr tal amenaza, aquellos guerreros se estremecieron de cólera.
—Cómo es esto —dijo Gunter al héroe—, ¿he merecido yo perder por la violencia de un extranjero el paÃs que durante tanto tiempo gobernó mi padre con honor? Os haremos ver que también nosotros practicamos la caballerÃa.
—No me quiero marchar —dijo el atrevido joven—; si tus dominios no siguen en paz gracias a tu valor, quiero conquistarlos todos; también las tierras mÃas te quedarán sometidas si la fuerza te las hace conseguir.
»Tu herencia y la mÃa serán una apuesta igual; al que triunfe del otro, le quedará sometido todo, las tierras y los habitantes.
En aquel instante, respondieron Hagen y Gernot: