El carnicero de Sarospatak
El carnicero de Sarospatak —Volvamos a Möller. En enero de 1945, en uno de los pocos contraataques exitosos a esa altura de la guerra, las Waffen-SS reconquistaron por solo un puñado de dÃas un pueblo húngaro llamado Sárospatak de manos de los rusos. Lo que encontraron fue aterrador. Los soldados rusos habÃan cometido todo tipo de atropellos bajo la complaciente mirada de sus oficiales. Soldados venidos de la estepa, de ojos rasgados, hoscos, analfabetos, primero habÃan consumido todo el alcohol que encontraron. Luego, robaron todo lo que de valor fuera transportable: relojes, zapatos, las pocas joyas que quedaron, para luego dar pié a lo que Goebbels les habÃa anunciado a los pueblos aliados de los alemanes y a los alemanes mismos. Todas las mujeres, desde las pre-adolescentes a las muy ancianas, fueron repetidamente violadas. Los pocos hombres que se atrevieron a defenderlas, asesinados. Los ancianos, golpeados y arrastrados. Los soldados alemanes y aliados tomados prisioneros, mutilados. Los partidarios nacionalsocialistas y ex funcionarios, asesinados luego de haber sido denunciados por algunos habitantes del pueblo, comunistas ellos, que creyeron que su momento habÃa llegado. Günther Möller, quien para esa época era Sturmbannführer, contempló todo eso estupefacto. CreÃa haber ya visto todas las miserias de la guerra, pero esto lo superó. Ver los cadáveres destripados de sus hombres, a los habitantes asesinados, a los ancianos golpeados, lo entristecÃa. Pero ver los ojos tristes, ya sin lágrimas, mirando al vacÃo, de niñas que habÃan sido repetidamente violadas por las hordas de Stalin, lo enfureció. En la corta ocupación de Sárospatak, Möller ordenó fusilar a todos los soldados rusos tomados como prisioneros y a todos los habitantes del pueblo que les habÃan dado su apoyo. Al comisario polÃtico que acompañaba a las tropas rusas, en cambio, lo hizo ahorcar públicamente. El total de ejecutados sumó 232 aunque los únicos judÃos entre ellos, eran tres comerciantes que delataron a sus paisanos durante la ocupación, los lÃderes comunistas del pueblo y el comisario polÃtico del ejército rojo. En total no más de 10. Todo esto no lo vi en una pelÃcula de Hollywood, sino que me lo comentó personalmente en más de una ocasión Möller.