El carnicero de Sarospatak
El carnicero de Sarospatak —Mirá Lea, Martin te dejó esto —le acercó un sobre de papel madera. Lea introdujo la mano y extrajo del mismo una serie de fotos de las que había visto a la noche. Miró a Ernesto y este le dijo encogiéndose de hombros.
—Lea, cosas de Martin. Yo solo soy un culata, un custodia, como dicen ahora, mano de obra desocupada. Tengo familia como vos, voy a la cancha, me gusta el asado. En esta vida cada uno trabaja de lo que puede. En media hora nos vamos, te voy a dejar cerca de tu casa, es sábado, tranquila —Lea volvió a guardar las fotos e introdujo en el mismo sobre las hojas con las notas que ella había tomado.
A la media hora ingresaron dos hombres, quienes le dieron a Lea una bolsa para que pusiera las fotos y los cigarrillos, y le pusieron una capucha de lona en la cabeza. Cuidadosamente la llevaron e introdujeron en un vehículo. Lea se dormitó y cuando se despertó el vehículo estaba detenido y ella estaba ya sin la capucha en la cabeza. —¿Estás bien? —le preguntó Ernesto. —Tomá esta güita, tomate un taxi y andá para tu casa. Ahora bajate del auto y caminá derecho, esta es Avenida Triunvirato, estamos en Villa Urquiza. Cruzá la vía y ahí tomate un tacho. Y nunca mires hacia atrás, te lo pido por favor.