El libro egipcio de los muertos
El libro egipcio de los muertos El alma franquea el «Portal de la muerte», emerge en el Más Allá, y es deslumbrada por la "plena luz del día». El corto fragmento, aparentemente mutilado del Conjuro CLVIII nos relata las primeras impresiones. Después de haber recobrado la conciencia, el alma es irresistiblemente atraída hacia el cuerpo que acaba de abandonar: va y viene. Pero las entidades se encargan de guiarla, arrastrándola lejos del sarcófago. Así deberá atravesar una «región de tinieblas», descripta magníficamente en un fragmento realista intercalado en el Conjuro CLXXV, que comienza con estas palabras: «¡Oh Tum! ¿A qué lugar llego ahora?» Desesperación, lamentos y gritos llenan las tinieblas. El camino está obstruido.
La etapa siguiente está constituida por la llegada del difunto ante Osiris, el «Dios-Bueno», el «Dios-del-Cora-zón-Detenido», el rey del Mundo Inferior. Su morada es el Amenti (País Occidental), el resto del Mundo Inferior es el Duat, región sombría y desolada, que contiene el Lago de Fuego, los Campos de Fuego (el Infierno propiamente dicho) y los demonios.
Una vez delante de Osiris, el difunto glorifica al «Dios-del-Corazón-Detenido Con los brazos elevados en adoración frente al dios inmóvil, a cuyo lado se encuentran Isis y Neftis, el difunto pronuncia las fórmulas sagradas… A partir de ese momento la Unión mística está hecha: el difunto y Osiris son un solo ser.