El libro egipcio de los muertos
El libro egipcio de los muertos Las fuerzas del Mal triunfan. Por cierto Isis y Neftis, Hathor y Neith protegen al mundo, pero Isis, la diosa principal, está viuda, y por ende todo iniciado, todo egipcio, está desprotegido, abandonado…
Osiris está muerto, pero Osiris vive. Es el Señor del Amenti, Rey del Mundo Inferior, juez supremo de los muertos. Existe, pero es un fantasma, un fantasma menos real que los muertos mismos. Y en esto consiste el carácter especifico, único, del Libro de los Muertos, en esta conciliación singular y suprema de un Osiris a la vez presente y ausente. Es un dios símbolo, sus roles caen sobre los otros dioses: Ra, Tum, Horus… La falta de Osiris transforma a la existencia terrestre en irreal, en un crepúsculo para la vida póstuma, la única auténtica. La tragedia de Osiris baña a todo Egipto de una angustia indecible y, como resultado, tenemos una actitud espiritual única en todos los anales del espíritu humano.
Toda la atención del hombre está sujeta a su vida futura, y son precisamente estos conjuros los que indican el camino a seguir. Todo es caótico allí: el triunfo al lado del terror, de la Barca del Ra a las tinieblas del Duat, de los Campos de los Bienaventurados a la constelación del Anca. Cronológicamente el desarrollo de la «odisea» tras la muerte es el siguiente:
