Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Se deja correr cada caballero contra el otro y se golpean con toda la fuerza que llevan sus caballos, que van tan deprisa como pueden, dándose tales golpes con las lanzas que, a pesar de que eran fuertes, se hacen pedazos y se trocean hasta la empuñadura. Ninguno de los dos cae, sino que se cruzan con gran valentÃa; arrojan los trozos de lanza y echan mano de las cortantes espadas. No hay ningún caballero que esté contemplando la justa, que no se admire, pues es violenta y dura. Mi señor Galván vuelve hacia atrás, apreciando mucho en su corazón al senescal y diciéndose a sà mismo que es una gran desgracia que sea traidor, porque nunca pensó que un corazón traidor albergara tal valentÃa.
—Reconoce tu deslealtad —le dice al senescal— y me esforzaré para que te vuelvan a estimar el duque y el vasallo por el que estoy combatiendo. Me esforzaré tanto, yo mismo o a través de otro, que no perderás la vida, ni ningún miembro, ni la honra, ya que la envidia hace que muchos hombres emprendan maldades.
—Eres tú quien debe considerarse vencido, pues no hay bajo el cielo caballero, por valiente que sea, al que no vencerÃa o matarÃa si se encontrara en tu lugar. Debes saber que estás combatiendo por lo más desleal que ha nacido de madre.