Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Hace que le traigan los Evangelios y jura todo lo que ha dicho, y después hace que lo juren el senescal y todos los que con él estaban. Algunos juraron que había disparado un hermano del senescal, que era un muchacho joven. El duque hizo que lo prendieran de inmediato, diciendo que no sería perjuro; a continuación, ordenó que le dieran a mi señor Galván el caballo más hermoso y mejor de cuantos tenía, y le dice que monte. Mi señor Galván se sube en contra de su voluntad, pero lo encuentra muy de su gusto; descabalga y se dirige al campo para prestar su juramento. Primero juró el senescal: que sabía bien que el vasallo había traicionado a su señor. Mi señor Galván juró después, que con la ayuda de Dios y de los santos, demostraría que el senescal había sido perjuro: «y que Dios no me vuelva a ayudar si no es perjuro y lo hace a conciencia». A continuación, montan los dos y se dirigen al lugar donde iba a ser el combate; les hacen entrar a través de una puerta y después cierran la plaza muy bien por todas partes.
Cuando llegaron adentro, todas las gentes habían acudido a verlos desde arriba de los fosos, que eran muy profundos, de forma que podían ver por todas partes a los dos caballeros que estaban encerrados en ellos. La mujer del vasallo y su sobrina permanecen, mientras, en una capilla, arrodilladas ante el altar y rogándole a Dios que le dé a su caballero la victoria en el combate.