Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Al ver al monje, la reina lo mira con atención: lo encuentra anciano y le parece hombre de santa vida. Y, realmente, fue uno de los caballeros más valientes que hubo en el mundo, y entonces era vasallo de Nuestro Señor, pues aunque había sido caballero esforzado, abandonó la caballería terrenal hacía ya tiempo y se había retirado a una ermita, en la que llevaba una vida tan santa que habían ido a su lado numerosos novicios para seguir la regla y la orden de San Agustín. Era grande y corpulento, con el cabello entrecano y los ojos grises, grandes, que le daban un aspecto fiero; tenía el rostro, la cabeza y el cuerpo lleno de cicatrices que no se habían borrado; sus puños eran huesudos y grandes, con abundantes venas que le sobresalían; su espalda era ancha, y se apoyaba con firmeza en los estribos.
—Señora —le dice a la reina—, por Dios, ¿quién sois y por qué os lamentáis de esa forma? Cuando una dama se entrega a servir a Nuestro Señor no debe dolerse por ninguna cosa —según creo— si no es por sus propios pecados, y debe olvidar todas las pérdidas que tuvo en este mundo.
Cuando la reina lo oyó hablar así, tuvo por cierto que era un santo varón, de sabio consejo, y le dijo: