Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor, me lamento todo lo que puedo, no por haber perdido tierras o riquezas, sino porque soy una desdichada y desgraciada que antaño era señora de la tierra de Benoic y de toda la región que la rodea, perdí aquí a mi señor, que era el hombre más noble del mundo; perdí aquí a mi hijo, el niño más hermoso de todos: se lo llevó en brazos una doncella que saltó al agua, no sé si era mujer o diablo, aunque tenía cuerpo y aspecto femeninos. Temo por el alma de mi señor porque murió de dolor y temo como si fuera mi propia alma, pues desde que fuimos unidos en leal matrimonio, fuimos una sola carne, tal como manda la Santa Iglesia y yo así lo creo. Por el alma de mi señor lloro y me lamento pues no sé si Nuestro Señor Dios tendrá compasión las lágrimas de una pobre pecadora como yo soy. Por mi hijo se me viene al corazón un gran dolor, porque lo perdí de tal forma: si hubiera muerto ante mis ojos lo hubiera olvidado antes, pues todos tenemos que morir; pero cuando me acuerdo de que mi hijo murió ahogado, siendo hijo legítimo y de un alto linaje —escogido por Dios para que viera sus grandes maravillas y honrara los lejanos lugares de su venida, alabando su nombre y ensalzando su fe—, me parece que Dios me privó del padre y del hijo por algún odio contra mí, aunque no creo haberle ofendido con ninguna falta grave. Por eso lloro, por miedo a Nuestro Señor, temiendo que el alma de mi señor haya recibido muerte eterna y me lamento angustiada por la fea muerte de mi hijo.