Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señora, señora, ciertamente hay motivos para vuestro duelo, pues habéis perdido mucho, demasiado, y no sois vos la única, pues otras muchas gentes han sufrido con esa misma desgracia. No obstante, podríais hacer algo, porque todas las cosas tienen un límite y conviene conservar la razón: ya que os habéis alejado de la vida y habéis tomado hábitos religiosos por amor de Dios, no resulta honesto que os lamentéis en cualquier lugar; debéis llorar vuestros pecados y los ajenos, pero no a la vista de la gente, sino en vuestra clausura, lo más oculta que podáis. Creo que no os lamentáis para que os vean, ni por vanagloria, sino para aliviar vuestro corazón, que se siente angustiado y a disgusto. Dios tenga piedad del alma del hombre de quien fuisteis mujer, pues para él fue el daño, y vos no podéis hacer nada para recuperarlo, y eso es una gran lástima. Estad tranquila por vuestro hijo, pues de verdad os digo que está sano y salvo, y bien cuidado.
Cuando la reina lo oye, se queda tan sorprendida que no puede decir nada en un buen rato y cuando recobra la palabra, le cae a los pies diciéndole entre sollozos:
—Ay, buen señor, por Dios, ¿decís de verdad que mi hijo Lanzarote está sano y salvo?
—Os digo por mi hábito que está sano y salvo.