Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Cuando ve que ninguno se atreve a salir, abandona la habitación, y entra en donde estaban los caballos; allà ve a Saigremor y a la doncella que era su amiga, que tenÃa un cirio en la mano. Saigremor estaba ensillando el caballo más hermoso de cuantos habÃa allà y el que parecÃa mejor. Cuando la silla ya estuvo colocada, hace que mi señor Galván monte.
—Id al salón principal —le dice Saigremor— mientras que yo me pongo el yelmo.
Mi señor Galván lo hace asÃ: deja estar a los caballeros del rey, si no asoman la cabeza. Muchos, han ido a ensillar sus caballos, pero mi señor Galván ya ve llegar a Saigremor completamente armado, montando un gran caballo: se habÃa recuperado, pues habÃa dormido.
—Señor —le pregunta Saigremor—, ¿dónde están?
—AhÃ, pero no se atreven a salir.
—Por Dios, tienen mala salida. Poneos al otro lado de la habitación, y dejad que salgan; les esperaremos a nuestro gusto, y que Dios no me vuelva a ayudar si, antes de irme, no sé qué tales caballeros son.
Mi señor Galván se rÃe dentro del yelmo. Los dos se retiran a un extremo de la sala, y Saigremor comprueba que no muestran intenciones de salir.