Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago El caballero empieza a andar, seguido por los otros dos, hasta que llegan al tablón que hacía de puente; lo atraviesan y el caballero los encomienda a Dios, y ellos hacen lo mismo. Permanecen un buen rato al otro lado de la pasarela, para saber si los perseguía alguien. Saigremor se extraña de la tardanza de su amiga, y apenas lo ha dicho, la ve llegar y atravesar el tablón montada en un veloz palafrén.
—¿Qué es esto? —pregunta mi señor Galván—. Sed la bien venida. ¿A dónde os dirigís?
—¿A dónde? Por mi fe, espero que vos y Saigremor me pongáis en lugar seguro, pues si me quedo en el castillo seré afrentada, sin que me pueda salvar todo el oro del mundo.
—Por Dios, mal servicio habríais hecho si os fallara nuestra compañía. Pero, dadme noticias de mi amiga.
—Vuestra amiga no tiene que preocuparse por lo que ha hecho, pues mi señor el rey y la reina la aman más que a sí mismos, ya que no tienen más hijos —según creen—, porque a la otra ya la dan por perdida. A mí me hubieran matado, si me hubieran encontrado.
De este modo cabalgan los tres juntos; al poco rato, ven venir detrás de ellos caballos que se acercan muy deprisa.
—Saigremor —dice mi señor Galván—, voy a esperar, pues los oigo venir.