Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Cuenta ahora la historia que mi señor Galván cabalga sin encontrar aventuras que sean dignas de mención, hasta que llega a la ermita de la Montaña Roja, donde es recibido con grandes honores al decir su nombre. El ermitaño le indicó el camino con todos los detalles que pudo, gracias a las noticias que le había dado de su hermano, y le dijo que Lionel había sido huésped suyo al irse de Sorelois, «y me contó que Lanzarote y Galahot estaban en Sorelois, pero que resultaría difícil llegar a aquella tierra».
—Señor, ¿por qué?
Entonces, el ermitaño le habla del paso traidor de la calzada, el que atraviesa el río Ausurne, tal como ha explicado la historia.
Por la mañana, mi señor Galván se marchó, después de haber oído misa, acompañado por el criado que le llevaba el caballo; cabalgó hasta que llegó a la calzada a la hora de tercia: le pareció que pasaba por lugares abruptos, abundantes en bosques y peligrosos. El puente al que llegó mi señor Galván, que era el primero de los que había se llamaba Puente de Norgales. El puente que había en la otra calzada, del que ya ha hablado la historia, era el Puente Irlandés.