Historia de Lanzarote del Lago

Historia de Lanzarote del Lago

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Lanzarote estaba en el extremo de la calzada, con la espada desnuda en la mano: la hoja estaba completamente teñida de sangre. Al ver que todos estaban mirando hacia la calzada, quiso atacarles, pero Lionel lo sujetó por el freno, diciéndole:

—Por la Santa Cruz, no vayáis. ¿Queréis que os maten en un lugar en el que no podréis realizar ninguna proeza? Y aunque la hicierais, nadie se enteraría. ¿Acaso no habéis hecho ya suficiente, llevando a término lo que las gentes del rey Arturo eran incapaces de realizar?

Lanzarote le contesta que, a pesar de todo, irá; pero Lionel no le suelta.

—Vete —dice Lanzarote—, déjame ir.

—No lo haré.

Lanzarote jura por todo que nunca le dará su afecto, «y te golpearé si no me dejas».

—Entonces, os dejaré.

Lionel lo suelta y Lanzarote sube rápidamente. Lionel pica espuelas tras él, diciéndole:

—Os ordeno, de parte de mi señora que no avancéis más, por la fe que le debéis.

Al oírlo, tira del freno y empieza a suspirar profundamente. Los sajones ya le habían dejado libre el camino, pues no se atrevían a esperar los golpes.


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