Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Galahot cabalga ensimismado y pensativo, sin decir ni una palabra a Lanzarote, ni a ningún otro, hasta que su palafrén está completamente empapado en sudor. Toma un camino empedrado; el caballo iba muy cargado con el caballero, que era grande, pesado y estaba lleno de dolorosos pensamientos, de forma que el animal se sentía entorpecido por todo ello y por el mal paso que le obligaba a llevar: tropezó con una de las piedras, de las que había en abundancia en el camino, y cayó al suelo hincando las rodillas, de forma que las riendas le volaron de la mano a Galahot, que se sobresalta en medio de sus pensamientos: le molesta tanto el tropiezo del palafrén, que le clava las espuelas con mucha fuerza, haciendo que la sangre le brote de ambos ijares, y el palafrén se lanza al galope más allá de todas sus fuerzas. Galahot no consigue sujetar las riendas, que estaban encima del cuello del caballo, que en la galopada vuelve a tropezar y cae con la cabeza entre las patas, con tal violencia que se rompe el cuello. Galahot vuela fuera del arzón y cae atravesado sobre las piedras, en una caída tan mala que poco faltó para que el corazón le reventara en el vientre. Cuando Lanzarote lo ve caer de ese modo, teme que se haya matado, salta de su palafrén al suelo, y acude corriendo a su lado; al ver que no mueve ningún miembro, empieza a gritar lo más fuerte que puede: «¡Ay, Santa María!». Entonces lo abraza, y el gran dolor que siente en el corazón por el miedo que tiene de que haya muerto, le produce escalofríos, se coloca a su lado y cae desmayado al suelo; al caer, se da con el filo de una piedra en la frente, por encima de la ceja izquierda, le corta la piel y la carne, hasta el hueso.