Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Los cuatro escuderos están muy asustados, pues temen que ambos hayan muerto: retuercen los puños, se arrancan los cabellos y hacen el mayor duelo que se puede hacer. Pero no tardó mucho Galahot en volver en sí: se lamenta con amargura, abre los ojos y se queda admirado de ver a los escuderos alrededor de él. Cuando descubre a Lanzarote, y la sangre que le sale de la herida, tiene un dolor mayor aún que el que había sentido hasta entonces. Al ver que vuelve en sí, le pregunta qué le ha ocurrido, y Lanzarote le cuenta entre suspiros el miedo que había pasado, porque temía que estuviera muerto. Galahot se queda sorprendido y él mismo le cura la herida a Lanzarote; luego, un escudero le da un palafrén, pues el suyo había muerto. Monta y reemprenden la marcha, seguidos por los escuderos, que también han vuelto a montar.
La herida de Lanzarote ha asustado tanto a Galahot, que ha abandonado por completo sus pensamientos, y habla más que antes con él.
—Señor —le dice Lanzarote—, es una gran desgracia que un hombre tan importante como vos caiga porque el caballo haya tropezado, como os acaba de ocurrir; por poco no habéis muerto, porque no sujetasteis bien el freno. Si hubierais muerto, o hubierais quedado herido de esa forma, habría sido una gran desgracia.