Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Cuando Galahot se levantó bien tarde, con el sol brillante, oyó misa de Espíritu Santo y de la Virgen María. Después, atravesó el río que corría por el extremo del bosque, pasando por el vado que había junto a la casa de religión, pues no deseaba seguir ningún camino ya que iba tan solo. Ese día no comieron hasta el atardecer, y Galahot llegó por la noche a casa de un vasallo suyo junto al mismo río. El día siguiente se levantó tarde, ya que hasta Alantine no había más de quince leguas inglesas. Después de oír la misa, cabalga sin detenerse llegando a Alantine entre la hora de nona y la de vísperas; a unas dos leguas de la ciudad se encontró con el señor de aquella tierra y los demás caballeros que lo acompañaban. El señor lo había criado de niño y era uno de los hombres más fuertes del mundo, y uno de los más leales y fieles de Galahot; al verlo empezó a llorar mientras lo besaba con la cara entristecida. Galahot se sorprende y le pregunta qué le ocurre, diciéndole que no le mienta por la fe que le debe.
—Señor —le contesta—, he tenido el mayor miedo que jamás tuve por vos, y esta mañana mismo no hubiera creído a nadie que me hubiera dicho que no estabais muerto o malherido, pues os han ocurrido esta semana más desgracias de las que pensáis.