Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor —le contesta el anciano—, no es una pérdida tan grande como admirable, pues resulta digna de admiración, ya que nunca en mi vida oà hablar de nada semejante: en todo el reino de Sorelois no ha quedado un solo castillo en pie al que no se le haya hundido la mitad, y esto ha ocurrido en los últimos veinte dÃas.
—Es una cosa que me preocupa poco, pues yo mismo he visto cómo se hundÃa la fortaleza que más estimaba en el mundo, y mi corazón no se sintió a disgusto entonces. Os diré el porqué ante mis gentes que aquà cabalgan. He sido el hombre más digno de admirar de cuantos han existido, y he tenido el corazón más admirable, de tal forma que de haber estado en un cuerpo pequeño no sé cómo lo habrÃa podido resistir, pues no hubo una gran empresa ante la que me sintiera cobarde o perezoso, y siempre estaba dispuesto y deseoso de hacer más de lo que mi corazón concebÃa. Asà debe ser el corazón que desea sobrepasar a todos los demás corazones en obras, y debe saber que del mismo modo que los demás corazones son más pobres que él, asà también necesita más consejos. No os debe extrañar, pues, que las mayores maravillas de las que habéis oÃdo hablar ocurran en mis dominios: ya que he sido el hombre más digno de admiración, asà me deben ocurrir las cosas más admirables.