Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Todos los que oyen estas palabras se echan a reír. Sin embargo, el caballero viejo se mantiene de rodillas ante el rey y exige su combate. El rey pondría paz en el asunto, si pudiera; lo levanta dándole la mano y le dice a la doncella: «Mi dulce amiga, he oído, y me doy por enterado, la queja presentada por vuestra señora mediante esas cartas que habéis leído. Pero no quiero llevar a cabo una cuestión tan importante como es ésa sin tomar consejo y sin juicio, pues no querría ser censurado por tratar bien a la reina, ni por hacer injusticia a vuestra señora. Os emplazaré para un día en que estén conmigo todos mis nobles, no será dentro de mucho tiempo. Decidle a vuestra señora que fijo como plazo el día de la Candelaria; estaré en Bredigán, en la marca de Irlanda y Carmelida; allí reuniré a mi corte y tendré el mayor consejo que pueda. Que ella acuda con todos los suyos, pues deseo que entonces termine el asunto mediante el juicio de mi corte y de la suya. Pero decidle que se guarde de acusar de algo que no pueda probar, pues por la fe que le debo al Creador del mundo, cualquiera de las dos que sea culpable de esta traición, por nada escapará a mis manos sin que tome la venganza correspondiente al daño realizado, y será tal que se seguirá hablando de ella después de mi muerte. Y vos, señora —le dice a la reina—, disponeos a defenderos».