Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Los dos compañeros hablaron mucho de sus pesares, y se consuelan el uno al otro lo mejor que pueden. Luego, Galahot llama a los clérigos que le había enviado el rey Arturo, y hace que se presenten a él, para contarles sus preocupaciones. Cuando llegan se los lleva a la capilla, de forma que, de toda la gente, sólo queda Lanzarote. Después de cerrar bien las puertas empieza a hablarles como hombre discreto, pues es uno de los que mejor hablaban en el mundo, y de lengua más hábil: «Señores —comienza diciéndoles—, mi señor el rey Arturo os ha enviado aquí porque os necesito; se lo debemos agradecer: yo, porque os ha enviado a que me socorráis en mi necesidad; y vosotros, porque os tiene por los clérigos más sabios de sus dominios; os ha hecho el mayor honor que os podía hacer y a mí, el mayor servicio, pues en este momento lo único que necesito es consejo; todo lo demás ya lo tengo. Tengo bosques y tierras, y gran abundancia de bienes, suficientes para cualquiera que sea más noble que yo; mi corazón y mi cuerpo me bastarían, si estuvieran a gusto; tengo por amigos íntimos a muchos hombres valientes. Sin embargo, todas las riquezas que poseo de nada me sirven, al contrario, me perjudican, pues si sólo tuviera la vigésima parte, estaría menos a disgusto que ahora, que tengo una enfermedad contra la que no me pueden ayudar las riquezas. Es una enfermedad completamente distinta a todas las enfermedades, porque soy grande y fuerte, como podéis ver; pienso que estoy sano y bien en todos mis miembros, y nunca emprendí nada que tuviera que ver con la fuerza del cuerpo, que no me atreviera a hacerlo ahora. Pero en el corazón me ha entrado una enfermedad que me destruye de tal modo que he perdido las ganas de comer, de beber y de descansar en cama; no sé de dónde me ha podido llegar, aunque creo que se ha debido al miedo que tengo por una noticia que recibí, si bien es cierto que no sé si ha sido antes el miedo que la enfermedad o la enfermedad que el miedo: todo me ha llegado a la vez. Os he hecho venir por eso; tal es el asunto en el que quiero que me aconsejéis, y que tanto me preocupa. Os ruego que me deis consejo por Dios, en primer lugar, y por amor al rey Arturo, después, y por vuestro honor, y para que os ganéis para siempre a un hombre como yo».