Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Hablad —le dice Galahot—, pues no me podéis dar peores noticias que las de mi muerte, y en ese sentido ya he oÃdo una gran parte.
—Señor —le contesta el Maestro—, primero hablaré a solas con vos; será en secreto, de forma que no debe quedar nadie aquà dentro.
A continuación, él mismo ordena a los clérigos que se vayan; asà lo hacen, y no se queda ninguno de ellos.
—Señor, ¿no queréis que este compañero mÃo se quede conmigo? —le pregunta Galahot refiriéndose a Lanzarote.
—Señor —le contesta—, cuando hay que curar la herida de alguien, no se le puede tratar según sus deseos, sino de acuerdo con las exigencias de la curación: la buena voluntad del corazón no sirve para sanar; para eso se utilizan las buenas medicinas. Es necesario, pues, que hagáis lo que os voy a decir, o dejaré de ser vuestro maestro; no me gustarÃa de ningún modo que fuéramos tres los que oyéramos lo que os quiero decir; ya sé que vos no desearÃais saber nada sin que lo supiera este caballero, pero mi voluntad es que no haya nadie oyendo nuestras palabras, sino Dios, yo y vos.