Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Bien sé que tenéis gran necesidad de enmendar vuestra vida, porque ningún hombre que haya conquistado tanto como vos, podría haberlo hecho sin una gran carga de pecados: y no es nada admirable por otra parte, si supierais el día de vuestra muerte y os esforzarais en salvar vuestra alma, haríais una buena cosa, pero hay un gran peligro que podía llegar por esto mismo, y de hecho ya ha ocurrido en algunos lugares, pues hemos encontrado en nuestras lecturas que en la tierra de Escocia hubo una dama muy rica que durante mucho tiempo llevó una vida alocada. En aquella tierra, cerca de allí, había un santo ermitaño que mantenía una vida muy religiosa en un profundo bosque. Conoció a la dama que a menudo iba a verlo y el ermitaño le decía tan buenas palabras, que consiguió que mejorara su vida, hasta que el ermitaño supo por una visión que aquella dama sólo viviría treinta días más: le rogó mucho y le suplicó que pensara cada vez más en hacer el bien, diciéndole que en aquella fecha le sobrevendría la muerte. Cuando oyó el día de su muerte le tembló la carne, se estremeció y tuvo tanto miedo que se olvidó de la salvación del alma por la debilidad del cuerpo y volvió a cometer locuras por su desesperación: el diablo entró en ella tan pronto como el miedo de la carne le hizo olvidar la salvación del alma. Cuando el santo ermitaño lo supo, empezó a llorar pidiéndole perdón a Nuestro Señor cuando lo tenía elevado entre sus manos, y le rogaba que no permitiera que el diablo dominara a la pecadora a la que Él había llamado a su servicio. Dios, que siempre está dispuesto a socorrer a los que lo llaman de buen corazón, escuchó al santo ermitaño, y una voz bajó a la capilla y dijo que Dios le había concedido el don solicitado, y que apenas tocara a la dama ésta se curaría. El buen ermitaño fue a buscarla y ella, apenas lo vio llegar, empezó a gritar; el diablo le obligaba a hacerlo por la llegada del santo hombre. Pero tan pronto como le hizo la señal de la cruz, y apenas había tocado su carne, el Enemigo salió haciendo ruido y aullando con tanta fuerza, que toda la tierra tembló. Cuando la dama volvió en sí y se dio cuenta de que la falta de fe la había llevado a esto, al punto abandonó el siglo, hizo que le cortaran sus hermosas trenzas y vistió hábito de religión, yéndose en compañía de una sola mujer a una alta colina entre dos rocas, donde vivió con pobreza hasta su muerte. De este modo podéis ver que el temor es muy importante y que la desesperación es mala, pues tan pronto como ella se desesperó, la abandonó el Espíritu Santo y fue a visitarla el diablo. Por la misma razón se hundió San Pedro en el mar, tan pronto como tuvo miedo, y tal es el peligro que puede ocurrir cuando se conoce el día de la muerte, por eso nadie debe apresurarse en saberlo, pues la carne está tan llena de maldad que se atemoriza y, por el miedo que tiene el cuerpo, cae en la desesperación. Os aconsejo que dejéis de buscar tales locuras y que sea de vos lo que Dios quiera, esforzaos además en hacer el bien como si pensarais que vuestra vida fuera a durar treinta años.