Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor —dice el Maestro llorando—, ya que habéis puesto en peligro mi alma, no hay ningún obstáculo para que os diga la verdad: me alegra por una parte, pero por la otra me pesa. Nunca deberÃa morir un hombre tan valiente como sois vos, o como serÃais si pudierais vivir vuestra edad normal; sin embargo no os diré ni el dÃa ni la hora en que debéis morir, pues no encuentro una fecha que no podáis sobrepasar, y si fuerais más allá del dÃa que os dijera, me tendrÃais por mentiroso, por eso no os voy a decir ni lo uno, ni lo otro. Os diré, sin embargo, lo suficiente como para que sepáis el dÃa que no podréis pasar, a no ser de una sola forma, y bien podrÃa acortarse ese término.
Entonces se pone en pie y se dirige a la entrada de la capilla, cuya pared era blanda y fresca, allà hace cuarenta y cinco redondeles de carbón completamente negros, cada uno de los cuales era del tamaño de una moneda; encima escribe con el carbón «esto son los años», a continuación dibuja debajo otros cuarenta y cinco redondeles más pequeños, con letras que decÃan «esto son los meses»; bajo éstos, hizo otros con letras más pequeñas que decÃan «esto son las semanas», y debajo quedaron otros más pequeños cuyas letras decÃan «esto son los dÃas».