Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor, no puedo hacerme vasallo de nadie, si no es por mi señora la reina, pues ella me lo ha prohibido. Y, ¿cómo me atrevería a rendir homenaje a otro, cuando ella no quiso que lo hiciera al rey Arturo? Tampoco buscaré compañía para reconquistar mi herencia, por más agradable que me resulte, pues pienso recuperarla con más facilidad y con mayores honras.
—Buen señor, ¿cómo pensáis hacerlo con mayor honra? No conozco mayor honor que el conquistar la propia herencia mediante la fuerza.
—Os diré cómo pienso ser tan esforzado, con la ayuda de Dios y la vuestra, como para no tener ningún enemigo que se atreva a quitarme un pie de mi herencia; antes bien, todos huirán de miedo sin esperarme.
—Tal como lo habéis contado, le ruego a Dios que os lo conceda y que me permita verlo, pero al final yo haré algo más, pues si puedo, procuraré que mi señora la reina os obligue a aceptar mi propuesta. Conozco una parte tan grande de vuestro corazón y del suyo, que sé que ella no desearía que fuerais señor de todo el mundo, pues entonces pensaría no poder teneros tan a su voluntad como ahora os tiene, y temería que la codicia de las riquezas y de los honores la privara de vuestra compañía. También sé que vuestro corazón no os permitirá desear el poder si este os hace perder el amor de mi señora la reina.