Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señora, quizá voy a decir una locura, pero los grandes deseos que tengo de cumplir vuestra voluntad me impulsan a decirla; os prometo que os ayudaré y no debéis tener ninguna preocupación, pues ciertamente vos tenéis más poder que el rey Arturo. Si estáis de acuerdo, nadie me impedirá que haga prender a la doncella dondequiera que sea encontrada; aunque eso sea una gran afrenta para mÃ, será tratada de tal forma que nunca más volverá aquà a promover querellas.
—Ciertamente, si Dios quiere, no lo haré asÃ. No quiero ser defendida de la ofensa si no es de forma justa, y, si Dios asà lo desea, no se me podrá acusar de ningún pecado; esperaré el juicio del rey hasta el fin. Os ruego por Dios y por el amor que me tenéis, que os esforcéis en guardar mi honor en todo este asunto, pues ya os dais cuenta de mi delicada situación, y vosotros dos no debéis volver a hablar con nosotras —según lo hacÃais hasta ahora— hasta que no termine esta cuestión; será necesario que asà lo soportéis y que cada uno aguante su disgusto.