Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Ay, señor, ¿qué hacéis, que os habéis levantado de la mesa en una noche tan importante como es ésta, y lo habéis hecho por tristeza? Volved a comer. Si no lo deseáis, debéis disimular por amor a vuestro hermano, que sin vos no comerÃa.
—Maestro, no voy a comer, pero id a comer con él, pues ahora me apetece estar un rato en esta ventana, antes de seguir comiendo.
—Ay, señor, por la misericordia de Dios, no comeremos sin vos, pues si vos dejáis de comer por ira, nosotros lo dejaremos también.
—¿Cómo? ¿Acaso no estáis por debajo de mÃ, vos, Boores y su maestro?
—SÃ, por supuesto.
—Entonces, os ordeno que os lo comáis todo, pues yo no volveré a comer hasta el dÃa en que haya cumplido una idea que se me acaba de ocurrir.
—Buen señor, si es una idea en la que podamos aconsejaros, decÃdmelo, pues nos esforzaremos al máximo, si es que es una idea que debáis y podáis realizar.
—Ciertamente, no os lo voy a decir.
—Por Dios, no volveré a estar a vuestro servicio a partir de hoy si no me lo decÃs, pues me parecerÃa que ocultabais algo y que sospechabais de mà y en verdad que nunca encontrasteis motivo para dudar de mÃ.