Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Cuando el rey vio que no podía hacer nada más, se pone en camino con su compañía. Lanzarote y Galahot se han quedado, con gran alegría porque el rey se iba sin haber tenido éxito. El rey tuvo muy mala cara toda la noche y no pudo dormir, hasta que por fin recordó unas palabras que Lanzarote había dicho antes de la batalla de la reina: que no se negaría a nada que ésta le pidiera, pues lo había cuidado mucho cuando estuvo enfermo.
Por la mañana, llegó Galahot a pedir licencia, pues quería marcharse a su país; el rey monta a caballo para acompañarle. Después de un rato, el rey llamó a la reina y a mi señor Galván, y dijo:
—Señora, sé que Lanzarote os ama con tan gran amor que no os negaría nada, y vos sabéis que yo he apreciado mucho su compañía: os rogaría, si es que alguna vez pensáis en volver a mí, que le supliquéis que se quede conmigo tal como era antes, pues no conseguimos convencerlo, ni yo, ni ningún caballero que se lo ruegue.
La reina responde, no como mujer asustada, sino como prudente y discreta, pues teme que el rey se haya dado cuenta del amor que existe entre ella y Lanzarote: