Historia de Lanzarote del Lago

Historia de Lanzarote del Lago

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La víspera de Pentecostés, después de cenar, sucedió que mi señor Galván se marchó del pabellón del rey; éste había hecho plantar tiendas y pabellones a orillas del río Támesis, pues quería mostrar su gran riqueza. Cuando mi señor Galván se marchó del pabellón del rey, se fueron con él mi señor Yvaín, el hijo del rey Urián, Lanzarote del Lago y Galescalaín, que era duque de Clarence y primo hermano de mi señor Galván por parte del rey Loth su padre. Este Galescalaín era un caballero pequeño, fuerte y bien proporcionado en el cuerpo y en sus miembros; era bastante valiente, lleno de extraordinaria habilidad, era hermano de Dodinel el Salvaje. Estos cuatro salieron de los pabellones para ir a pasear por los prados; Galahot se quedó hablando con el rey de sus grandes asuntos. Mientras tanto, los cuatro sin más compañía, se fueron a pie hasta el bosque que estaba próximo a las tiendas; era el bosque llamado Vreguegne, que era un bosque muy espeso, extraordinario y muy famoso en todas las tierras por las cosas maravillosas que en él sucedían. Los cuatro caballeros caminaron hasta llegar al bosque, bajo una encina alta, redonda, y de abundante follaje, como ocurre a final de mayo. Cuando vieron el lugar tan hermoso, tan agradable y tan acogedor, se sentaron y empezaron a hablar de las aventuras y de las maravillas que ocurrían en el bosque. Mi señor Galván dijo que con gusto pasaría dos o tres días en el bosque para saber si realmente era tan extraordinario como las gentes decían, y añadió que se pondría en marcha apenas pasara Pentecostés. Lanzarote le promete que se pondrá en marcha el lunes tan pronto como amanezca, y mi señor Yvaín dice que no se irá sin él, pues piensa que desea más que nadie ir en busca de esos hechos admirables, y lo mismo dice el duque de Clarence. De este modo se prometen ponerse en marcha el lunes los cuatro, sin que nadie sepa a dónde irán. Mientras que hablaban así, pasó un escudero por delante de ellos, montando en un rocín que iba empapado de sudor; se detiene y empieza a mirarlos desde el caballo, y mi señor Galván le pregunta quién es, pero no le responde, sino que pica al rocín con las espuelas y se vuelve muy deprisa. Admirados, se preguntan quién será y lo consideran un estúpido.


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