Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor, por la Santa Cruz, no iréis en este momento, ni debéis comportaros con tanto ímpetu para demostrar vuestro valor, pues sería cosa perdida. Os voy a decir, mi dulce amigo, lo que haremos: iremos a nuestros alojamientos, nos armaremos sin que el rey, ni mi señora, se enteren y saldremos tras ellos. Entonces haremos lo posible para socorrerle, o moriremos, pues no sólo se debe ayudar a los amigos en asuntos que no valgan nada, o que nada puedan valer, sino cuando es necesario el valor, entonces hay que demostrarlo.
Todos están de acuerdo con esta decisión, y se marchan tan rápidamente como pueden, corriendo y lamentándose por la gran pérdida que han tenido. Cuando llegan a sus alojamientos, hacen que les lleven inmediatamente las armas lo más en secreto que pueden; después de armarse, montan y van tras las huellas de los que se han llevado a mi señor Galván; y siguen las marcas hasta llegar a un gran camino, en el que hay abundantes huellas de caballos; lo siguen hasta dar con senderos que se bifurcan, y que también están muy pisados por los caballos. Lanzarote se detiene y les dice a los otros dos:
—Señores, me parece que tendría sentido el que nos separáramos en estos caminos que aquí se dividen y que cada uno de nosotros tome uno, pues de otra manera no podremos saber hacia dónde ha ido el que nos ha causado tan gran daño.