Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —¡Ay, Dios, nunca merecà morir de tan malvada y vergonzosa muerte! ¡Ay, rey Arturo, mi bueno y dulce tÃo, qué gran dolor tendrÃais en vuestro corazón si supierais el mal que siento! ¡Ay hermosa señora, agradable reina Ginebra, cómo os empalidecerÃa vuestro sonrosado rostro si supierais mis grandes dolores! ¡Ay, Dios, qué fea pérdida tendrá la rica Mesa Redonda por mi prisión y no tanto por mi muerte, sino por los nobles que me irán buscando y no podrán conseguir dar conmigo! ¡Ay, Lanzarote, mi dulce amigo, cómo se aliviarÃan ahora mis grandes sufrimientos si supiera que estáis sano, salvo y con todas vuestras fuerzas! Que Dios os proteja por encima de todos los demás, con la ayuda y el socorro de mi tÃo el rey Arturo, y que Dios no os permita llegar hasta aquÃ; serÃa en vano. Pero si alguna fuerza fuera necesaria, la vuestra me ayudarÃa, aunque no sé cómo, pues este castillo no teme a nadie y su señor tiene tan gran poder y está lleno de traición y de felonÃa, y no tiene compasión de nadie.
De este modo se queja y se lamenta mi señor Galván en su mazmorra, y la doncella que lo estaba escuchando mete la cabeza por la ventana hasta los hombros y lo llama en voz baja por su nombre. Cuando mi señor Galván se oye nombrar, respondió muy débilmente:
—¿Qué es eso, Dios?