Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Asà me ayude Dios, de nada os servirá vuestra fuerza, pues no tenéis ni el atrevimiento ni el valor como para acabar una cosa tan importante.
—¿Cómo, doncella, estáis segura?
—Si os atrevierais a seguirme hoy y mañana a donde yo os quisiera llevar, entonces dirÃa que tendrÃais corazón suficiente y valor como para llevar a término este asunto.
—Doncella —le dice el escudero que guiaba al duque—, no irá con vos, pues ya tiene quien lo conduzca a donde quiere ir y quien lo llevará por mejor camino que vos.
—Por Dios —dice la doncella—, ya sabÃa yo que no tendrÃa el atrevimiento de seguirme; no lo iba a llevar a ningún sitio en donde tuviera que hacer la décima parte de hazañas de las que tendrá que hacer en el lugar en el que está prisionero mi señor Galván.
—Ciertamente, doncella —contesta el duque—, debe probarse antes quién quiere realizar tan gran empresa, y si no consigo llevar a cabo en otro sitio la mitad de las hazañas que tendré que soportar allà donde voy, habré perdido mi esfuerzo: os seguiré, me ocurra lo que me ocurra.