Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Al ver al duque que llegaba armado, se van dos a un lado y los otros dos al otro, y sujetan los escudos bajo el brazo dispuestos a combatir, sin haber dicho una sola palabra por la boca. La doncella pasa y ordena al duque que la siga: éste se da cuenta de que los cuatro están dispuestos a causarle daño si pueden; pero quiere cumplir la promesa que le había hecho a la doncella y teme más la perfidia que la muerte; ve que la doncella se va a una puerta para salir y que él sólo puede llegar hasta allí pasando entre los cuatro. Entonces desenvaina la espada, que era clara y muy cortante, y se coloca el escudo sobre la cabeza; sabía esgrimir con habilidad: se cubre dispuesto a llegar al otro lado. Entonces avanza dando grandes pasos hasta que se acerca a los cuatro que le estaban esperando: esconden la cabeza bajo el escudo y atacan con toda la fuerza para herir mejor. Cuando creen que ya es el momento de descargar el golpe, y piensan encontrarlo dispuesto, comienzan a golpear los cuatro por los flancos. Él no espera a recibir los golpes, pues teme las lanzas cuyas puntas son muy agudas; salta hacia atrás y los otros lo siguen encolerizados y enfadados porque no le han alcanzado; el duque conocía bien el arte: se coloca entre ellos y la pared de la que se habían separado dos. Se pone el escudo delante del rostro, pues no debe temer nada por la espalda ni en la cabeza, porque tenía un yelmo bastante fuerte: se defiende con rapidez a pesar de que le lanzan grandes golpes, que de nada valen; su espada corta bien y les despedaza los escudos en cuanto los alcanza, pues da grandes golpes, de forma que en varias ocasiones la espada pasa a través de los escudos y de las corazas, llegándoles hasta el hueso a los que se le enfrentan.