Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Entra en el monasterio y cuando coge la cadena, se hace la señal de la cruz sobre la cara y la cabeza, y a continuación, toma la espada y se quita del cuello la correa del escudo, separándoselo del cuerpo. Apenas ha avanzado dos pasos, siente el gran frío de dentro y la pestilencia que le angustia, pero a pesar de todo, se esfuerza en continuar: avanza siguiendo la cadena, de forma que continuamente la nota junto al muslo izquierdo; pero no había avanzado una tercera parte del camino, cuando sintió sobre el yelmo una gran cantidad de golpes duros y pesados, y le pareció que fueran mazas o trancas, hachas y espadas, y creyó que había sido herido por todas partes como por lanzas, llegando a pensar que el escudo se le había hecho pedazos y que recibiría heridas por la espalda y por los costados y por los flancos; pero por encima de todos los demás dolores, lo que más molestia le causaba era la abundancia de golpes sobre la cabeza, de forma que no puede mantenerse en pie y cayó al suelo desmayado, y así permaneció durante un gran rato. Cuando pudo volver a levantarse, aún estaba aturdido y no veía absolutamente nada; además, ha perdido la cadena; permanece en pie dando vueltas durante tanto rato por todas partes, que finalmente ve la claridad del cementerio a través de la puerta por la que había entrado y se dirige hacia allí, pero el frío y la pestilencia le angustian de tal forma que poco falta para que el corazón le vuele fuera del vientre; los montones de cuerpos con que tropieza le impiden el paso y le retrasan, de forma que cae más de siete veces antes de llegar a la puerta. Cuando se encuentra en el primer escalón dispuesto a salir fuera, no se puede sostener y cae, golpeando con el yelmo en el mismo escalón. Lanzarote lo ve y siente una gran vergüenza y compasión, se lanza en su búsqueda y lo saca por los hombros, acostándolo sobre la verde hierba.