Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Buen hijo, por vos había cambiado yo todas mis antiguas costumbres, pues nunca fui generoso y no podía serlo por mi propia mano, pero lo era a través de la vuestra. No creo que a partir de ahora pueda salir victorioso gracias a mi valor, pero si vos estuvierais vencería a todo el mundo. Buen hijo dulce, Dios os había purificado y limpiado de todas las malas cualidades y os había llenado de virtudes, igual que el oro es puro y limpio por encima de todos los metales, y que el rubí es más rico y precioso que cualquier gema. Pero no creo que Dios os hiciera así, ni tan bueno, hermoso y agradable si no fue para privarme de vos cuando más a gusto me encontrara con vuestra compañía, y para hacerme morir de dolor y tristeza por la angustia de vuestra muerte. Pero, ciertamente, no voy a morir todavía, sino que viviré mucho más de lo que desearía, y tendré que consolarme con el único consuelo que puedo encontrar, la contemplación del mundo. Y cuanto más lo contemple, menos lo estimaré, pues cada vez me parecerá peor: hoy ha empeorado más de lo que un corazón podría pensar y de lo que una boca podría decir, pues esta mañana tenía el mundo dos pilares en que sostenerse, y ahora sólo le queda uno; uno de ellos habría podido soportar tanto peso encima que el otro se habría roto. Buen dulce hijo, vos fuisteis uno de esos dos pilares, el otro es el rey Arturo. Si hubierais vivido el tiempo normal, se hubiera roto. Ahora puede vanagloriarse de que hoy soporta todo el peso del mundo porque la muerte ha acabado con vos; pero ya que no hay ninguna fuerza que pueda resistirse frente a Dios, hay que soportar los sucesos que sobrevienen, ya sean buenos o malos. De esta desgracia no le daré las gracias a Nuestro Señor Dios, ni quiero que nadie me consuele por vuestra muerte, por muy amigo mío que sea, pues nunca lo volvería a amar: quiero que todo el mundo sepa que es una pérdida de la que no nos podremos consolar.