Historia de Lanzarote del Lago

Historia de Lanzarote del Lago

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A continuación, se baja la manga izquierda de la cota, contempla el anillo, y deja de ver el gran río y la tabla que había visto y había pasado, dándose cuenta de que era un encantamiento. Vuelve a colocarse la manga, toma el escudo allí en medio y avanza hasta llegar a una gran hoguera que ocupa el camino por el que debe pasar. El fuego era tan grande que daba la impresión de que ninguna cosa que entrara en él dejaría de quemarse, y llegaba desde el muro de la derecha hasta el de la izquierda; por encima del fuego había una escalinata de piedra tallada que subía a una sala muy rica que había arriba. La escalinata estaba curvada y era muy alta, de forma que tenía más de un pie de lado y en la puerta de la sala había dos caballeros completamente armados, cada uno de los cuales sostenía una hacha grande y maravillosa; uno estaba arriba y el otro abajo, un poco más alto que donde empezaba la escalinata. Cuando Lanzarote ve el fuego se admira y se pregunta qué puede significar, pero al contemplar que su camino seguía por la escalera se puso muy contento, pues estimaba en poco el obstáculo que veía. Se dirige a la escalera y sube hacia el primer caballero que ve. Éste, cuando lo tiene cerca, se dispone a darle un grandísimo golpe; Lanzarote se coloca el escudo sobre la cabeza para recibirlo y finge seguir subiendo: el caballero se precipitó al dar el golpe, pensando alcanzar a Lanzarote en medio de la cabeza, pero falló pues Lanzarote se echa hacia atrás; el hacha golpea contra el escalón con tanta fuerza que se mete en la piedra más de medio pie. Cuando intentó volverla a sacar, no lo consiguió; Lanzarote le ataca con la espada en la mano y le da un gran tajo en el hombro derecho, de forma que se lo corta y le hiere también el izquierdo. El guardián deja caer el hacha y se desmaya sobre la escalera, Lanzarote recoge el hacha que estaba metida en la piedra y vuelve a envainar la espada; cuando el caballero iba a levantarse para ponerse a salvo, que ya estaba de rodillas, Lanzarote levanta el hacha y le da un golpe tan grande sobre el yelmo que lo vuelve a derribar en la escalera, y le fallan las manos, que no puede apoyarse en ellas.


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