Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Ciertamente, señor, si está fuera, me alegra, pero también lo siento.
—¿Lo sentÃs, señora? —le pregunta Quehedins—. En verdad no pensaba que os pudiera pesar mi bienestar, pues nunca merecà tal cosa.
—Vuestro bien no me pesa, pero es mi daño, pues nunca jamás volveré a estar contenta, y nunca habÃa estado tan feliz como cuando vine por primera vez a este castillo.
—Señora, el daño de una sola dama no vale tanto como el daño de doscientos cincuenta y tres caballeros que estaban perdidos.
—No tendrÃa gran dolor por esos caballeros, pues se lo habÃan merecido con sus locuras, ya que habÃan sido condenados en el Valle por su propia maldad, y a los desleales no les debe socorrer ninguna persona leal.
De esta forma se debate y discute la dama con Quehedins, y éste se rÃe con los demás; le han suplicado tanto que finalmente se levanta y sale con ellos, mostrando cara tan alegre como puede, pues se da cuenta de que no puede ganar nada con su dolor. Es grande la alegrÃa que todos tienen, menos la dama.