Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Lanzarote se baja, y pone su oreja derecha delante de la boca de la doncella, que empieza a suspirar diciendo muy bajo:
—Ay, Dios, ¿cómo lo diré?
A continuación, se extiende con tanta fuerza que Lanzarote pensó que se había desmayado, se le acerca a contemplarla y en este momento ella adelanta la boca y lo besa, con tan gran pesar por parte de Lanzarote que poco falta para que pierda el sentido de rabia. La deja y se va al centro del pabellón, donde empieza a escupir de despecho por la doncella que lo ha besado. Ella va hacia él, que cuando ve que no va a poder resistirla, corre a su espada que estaba colgada en el mástil del pabellón la desenvaina y jura que la golpeará si vuelve a tocarlo. La doncella está segura de que no lo hará por nada, y le contesta que lo va a ver; cuando Lanzarote ve que a pesar de todo quiere cogerlo, no se atreve a esperarla, tira la espada y sale corriendo, y ella detrás, hasta que se van fuera del pabellón. Al ver la doncella que Lanzarote no la espera, empieza a gritarle:
—Regresad, señor caballero, como cobarde y desleal que sois, que ya no debéis guardaros de mí, ni yo os perseguiré ya más.
—Como desleal —le contesta— no regresaré.